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La Democracia Chilena: La verdad atrás de los rankings internacionales

Una evaluación de la democracia chilena nos requiere la consideración de dos extremos. Por un lado, tenemos que definir los mínimos democráticos para que un país sea considerado como democrático, por el otro, las características para que un país sea considerado como un modelo de democracia.

Morlino definió que un sistema democrático debe tener, por lo menos, “elecciones universales, recurrentes, libres, competitivas y justas; más de un partido político; y más de una fuente de información”.

No obstante, la noción de “buena democracia” se encuentra más allá de esta definición básica. Morlino considera que una democracia digna de su nombre debe contar una estructura institucional estable que perpetua la igualdad y libertad de la ciudadanía por el funcionamiento legítimo y correcto de sus instituciones y mecanismos. Un régimen legítimo que satisfecha completamente su ciudadanía, mientras que la ciudadanía, las asociaciones y las comunidades disfrutan un nivel moderado de libertad y igualdad. Finalmente, la ciudadanía tiene derechos a rendición de cuenta por parte del Gobierno, evaluando su eficacia y “responsiveness” siguiendo los objetivos de libertad y igualdad en acuerdo con la ley2.

Esta última definición subraya la importancia de la estructura institucional y de los mecanismos electorales utilizados al momento de considerar la calidad de democracias. Más específicamente, por estructura institucional considero que los partidos políticos son las instituciones indispensables en el funcionamiento democrático ypor mecanismos electorales considero las elecciones legislativas y presidenciales como siendo vital en este mismo funcionamiento.

En este análisis intentaré analizar estos tres elementos claves: los partidos políticos, la elección presidencial y la elección legislativa. En efecto, analizando cada uno de estos indicadores determinaré el nivel de representación, eficacia y estabilidad que fomentan. Asumo una relación de necesidad y suficiencia entre ellos, es decir si el sistema viene a ser eficaz, estable, pero no representativo, no alcanzará la definición de “buena democracia” de Morlino. La definición de democracia como “el gobierno del y para el pueblo”3 plantea la necesidad de ser representativo. Volviendo a la definición de Morlino, la democracia debe satisfacer completamente sus ciudadanos, lo cual plantea la necesidad de ser eficaz. Finalmente, utilizando las palabras de O´Donnell, la democracia es una promesa civilizadora, que instala expectativa de expansión, libertad, igualdad, justicia, y progreso4, lo cual subraya la necesidad de plantear un sistema estable.

Este trabajo no consiste en una verificación de la presencia de los mínimos democráticos en Chile. A menudo, los “ranking”, evalúan si las elecciones son justas, el nivel de corrupción, la influencia que puede afectar a un gobierno y la libertad de los votantes. En nuestro análisis, asumo que estos mínimos son ya implementados y en mayoría de los casos respetados.


Los Partidos Políticos

Utilizando los términos del trío: J. Mark Payne, Daniel Zovatto G., Mercedes Matea Días “los partidos políticos son indispensable para el funcionamiento democrático. Toda democracia gira a un sistema de partidos en el que al menos dos partidos compiten libremente por el poder”5. Siguen sosteniendo que en el largo plazo, la salud de la democracia depende de la representatividad, de la legitimidad de las instituciones democráticas y no solamente de la efectividad de estas. Determinar los niveles de institucionalización, fragmentación, y polarización del sistema de partidos viene a ser muy útil al momento de evaluar la calidad de una democracia.

a. La institucionalización

Según Mainwaring y Scully, “un sistema de partidos institucionalizado implica estabilidad en la competencia entre partidos, la existencia de partidos que tienen raíces más o menos estables en la sociedad, la aceptación de los partidos y elecciones como instituciones legitimas que deciden, y la existencia de organizaciones de partidos que funcionan sobre la base de reglas y estructuras estables”6. Sin embargo, la institucionalización no es una condición sine qua non para el desempeño democrático, pero no es un eufemismo afirmar que contribuye. En efecto, Mainwaring y Scully lo ejemplificaron con España y los Estados Unidos, los cuales “muestran que la democracia puede funcionar razonablemente bien sin sistemas de partidos extremadamente institucionalizados”. Sin embargo sostienen que la institucionalización de los partidos lleva con ella eficacidad y estabilidad. “Allí dónde los partidos están institucionalizados, existe un grado considerable de certidumbre relativa a la política democráticas y los resultados electorales quedan claramente establecidos”7.

La presencia de un sistema de partidos institucionalizados implica que la ciudadanía reconoce que de los partidos emerge una democracia estable, la cual es investida de legitimidad y que resultará políticas efectivas una vez elegidos los representantes.
En su análisis, Mainwaring y Scully llegan a la conclusión que, en Chile, los partidos políticos son altamente institucionalizados, encontrándose profundamente en la trama de la sociedad. Lo cual significa que la ciudadanía muestra un alto grado de confianza hacia los partidos, reconoce la integridad del proceso electoral y la importancia de los partidos políticos para el progreso del país.
De hecho, para Mainwaring y Scully, gracias a la alta institucionalización de los partidos políticos, la democracia chilena es propensa a ser representativa, estable y eficaz.

Sin embargo, Kitschelt sostiene que “no resulta conveniente asociar automáticamente alta institucionalización con grados {…} altos de representación programática”8. En efecto, Luna llama a la necesidad establecer “hasta qué puntos los partidos políticos cuentan con plataformas programáticas bien definidas y cercanas a las de sus votantes”9. Destacando la paradójica coexistencia de una “crisis de la representación política”10 en un contexto creciente de estabilidad política, pone un duda el planteamiento elaborado por Mainwaring y Scully. Argumenta que el clientelismo practicado por ciertos partidos políticos (por ejemplo: Unión Democrática Independiente, UDI), contribuye a “reforzar una reproducción territorial de las desigualdades y la consolidación de nuevos caciquismos locales”11.

Según las encuestas realizadas por el Latinobarómetro, en Chile el nivel de identificación con los partidos es más bajo que el esperado y el porcentaje de entrevistados que opinan que los partidos son fundamentales para el progreso del país no es tan elevado como podría esperarse. Tomando en cuenta que el sistema de partidos está institucionalizado, “es posible que le sistema de las dos coaliciones amplias, una de centro-izquierda y otra de centro-derecha, haya debilitado los vínculos de la ciudadanía con los partidos individuales”12.

Los vínculos entre votantes y candidatos o partidos aparecen muy debilitados y ponen en duda la veracidad de lo afirmado por Mainwaring y Scully. De hecho, para Luna, enfocándose en los partidos políticos, la calidad de la democracia descrita por los dos autores anteriores aparece muy diluida. Aunque los partidos políticos chilenos tiendan a ser estables, perennizando en el tiempo, y eficaces al momento de diseñar y articular políticas, no vienen a ser tan representativo como anteriormente sostenido.

b. La Fragmentación

Según J. Mark Payne, Daniel Zovatto G., y Mercedes Matea Días “la cantidad de partidos influye en las probabilidades de que el partido de gobierno obtenga mayoría en el poder legislativa y cuente con el apoyo sostenido de este para las propuestas políticas del Ejecutivo”13. De hecho, el número de partidos políticos impactaa la estabilidad y eficacia del sistema democrático.
Lijphart y Lawsell sostienen que un sistema debe contar “dos partidos y únicamente dos {…} para que la forma parlamentaria pueda dar permanentemente buenos resultados”14.

La formula desarrollada por Laakso y Taage-pera, el número efectivo de partidos políticos, nos permite verificarlo en el caso Chile. De hecho, basándonos en los votos de las elecciones legislativas de 200915, contamos 2.56 coaliciones y 7.30 partidos políticos.
Hablando de coaliciones, el sistema chileno se acerca a un sistema bipartidista, descrito y sostenido por Lijphart, con dos grupos mayores: La Concertación y la Coalición. Este sistema viene a ser vector de estabilidad y eficacidad al momento de gobernar y pasar leyes, dado que el presidente puede gozar del apoyo de la mayor parte del congreso nacional. Sin embargo no alcanza a representar plenamente a la ciudadanía.

Hablando de partidos políticos, el sistema chileno claramente pertenece a un sistema multipartidista menos estable y eficaz que el sistema bipartidista. Los consensos son muchos más difíciles de conseguir. En este caso se nota un fraccionamiento alto del poder.
Entonces, enfocándose en las coaliciones, Chile aparece ser un país poco fragmentado y se acerca al sistema sostenido por Lijphart. En este caso la democracia chilena viene a ser eficaz al momento de diseñar e implementar políticas. Sin embargo aparece tener una representación limitada dado el fuerte contraste existente entre le número efectivo de coaliciones y partidos políticos, lo cual tiende a diluir la representatividad y las demandas de cada partido, poniendo en peligro la estabilidad del sistema a lo largo plazo.

c. La Polarización

Sartori sostiene que existe un vinculó entre el multipartidismo y la polarización. El multipartidismo polarizado contribuiría a la crisis y a la inestabilidad del sistema democrático16. Antes del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, el sistema político chileno evolucionaba en el contexto de la Guerra Fría y contaba una alta polarización de la ciudadanía. En efecto, los “tres tercios”, formados por grupos y conglomerados, representaban la derecha política (encabezada por Jorge Alessandri), el centro con la Democracia Cristiana (encabezada por Eduardo Frei Montalva) y la izquierda con la Unión Popular (encabezada por Salvador Allende).

Uno puede darse cuenta de la persistente polarización analizando el resultado del histórico plebiscito nacional de 1988, para decidir si Pinochet seguiría en el poder hasta 1997. El resultado fue 44.01% por el “Si” y 55.99% por el “No”. Sin embargo, la caída de la URSS en 1991 provocó la declinación de la extrema izquierda a nivel mundial y se puede asumir que la despolarización ideológica ha contribuido a la durabilidad de la actual corriente democrática. La distribución de los votos en las elecciones de diputados de 2009 muestra una marcada tendencia hacia la Coalición y la Concertación, las cuales recibieron respectivamente 43.45% y 44.35% de los votos16. No obstante, siendo respectivamente de centro-derecha y de centro-izquierda sus agendas no vienen a ser sumamente diferentes.

La ola de despolarización internacional que alcanzó los países europeos parece haber alcanzado Chile, la cual es señal de política centrípeta y tiende a satisfacer la mayor parte de la ciudadanía. De hecho, Payne J. Mark, Daniel Zovatto G. y Mercedes Mateo Díaz considerarían el sistema chileno como propenso a la estabilidad.

Entonces resumiendo la calidad de la democracia analizando los partidos políticos, obtenemos el resultado siguiente:
La estructura institucional chilena, representada por el sistema de partidos políticos, fomenta una democracia eficaz, estable, pero no representativa.


El sistema electoral

a. Sistema Presidencial

El presidente de la República de Chile encarna el rol de jefe de Estado y Gobierno. La constitución de 1980 mantiene un sistema de elección popular directa, incluyendo la segunda vuelta o balotaje. Si ningún candidato obtuviera la mayoría absoluta de los votos durante la primera vuelta, tendría lugar una segunda vuelta enfrentando los dos candidatos con mayor número de votos. Con las reformas de 2005, el mandato del Presidente se fijó a cuatro años sin la posibilidad de reelección para el período siguiente. El sistema presidencial de mayoría absoluta con dos vueltas, tiende a, por definición, eligir el representante de la mayoría. Viene a ser una fuente de crisis institucional e inestabilidad, porque tiende a generar presidentes con mayorías electorales artificiales.

Mark Payne, Daniel Zovatto G., y Mercedes Matea Días sostienen que la interacción entre los métodos para eligir el presidente y los diputados influye en el grado de fragmentación del sistema de partidos y en la proporción de escaños en el congreso que controla el partido del gobierno17. En Chile, las elecciones legislativas y presidenciales son concurrentes, lo que más aún tiende a revelar una concentración del sistema de partidos. En efecto, cuando las elecciones son simultáneas es probable que sean menos los partidos que obtengan proporciones significativas de votos en las elecciones legislativas. La ciudadanía tiende a votar por las listas completas de los partidos. De hecho, en Chile, los riesgos emanando de las elecciones presidenciales de mayoría con segunda vuelta tienden a ser minimizado por la alta institucionalización de los partidos y el apoyo otorgado por el parlamento.

Entonces, para Mark Payne, Daniel Zovatto G. y Mercedes Matea Días el sistema presidencial chileno viene a representar una mayoría limitada de la ciudadanía. Sin embargo la simultaneidad de las elecciones mantiene el sistema democrático eficaz al momento de actuar, dado que hay una probabilidad elevada que el presidente aprovecha del apoyo del parlamento. Finalmente, por un lado, el sistema se ve estable dado que el presidente no puede disolver la cámara de diputados desde la reforma de 1989, lo cual impone la negociación en la agenda. Por otro lado, la mayoría artificial sobre la cual el presidente basa su victoria no viene a ser vector de estabilidad.

b. Sistema Legislativo

En el sistema binomial mayoritario chileno, los partidos presentan listas de candidatos en circunscripciones binomiales. La ciudadanía vota por los candidatos presentados, pero los partidos o coaliciones acumulan los votos. El partido o coalición que cuenta una mayor cantidad de votos gana un escaño. Si el partido o coalición, dominando las elecciones, cuenta el doble de votos del segundo partido o coalición, obtendrá los dos escaños. Entonces se entiende que este sistema favorece los partidos más grandes.

Según Nohlen, “Los sistemas electorales pueden diferenciarse por el desempeño de tres funciones: la representatividad, la efectividad, y la participación”19. El sistema binomial favorece el empate político entre mayoría de gobierno (la Coalición) y minoría opositora (la Concertación), excluyendo otros partidos y opciones. En efecto, los partidos de izquierda fuera de la Concertación se vieron excluido de la cámara baja hasta poco. Si bien los sistemas mayoritarios favorecen la efectividad y participación, son representativos únicamente en una medida muy limitada. A la diferencia de los sistemas de representación proporcional, los cuales favorecen una representación equitativa.

M.A Garretón y R. Garretón ejemplificaron claramente los resultados teóricos del sistema binomial20 de la manera siguiente:

1.1 Elección con dos partidos (o bloques), con resulto de empate:

1.2 Elección con dos partidos (o bloques), mayoría dobla a minoría:

1.3 Elección con pluralidad de partidos (o coaliciones), con resultado empate:

1.4 Elección con pluralidad (o coaliciones), primera mayoría dobla a segunda:

Este ejemplo muestra bien el efecto perverso del sistema binomial. En su análisis siguen sosteniendo que el ampate entre la mayoría de gobierno y la minoría tiene cuatro implicancias fundamentales. Primero, le da un poder de veto a la minoría, lo cual se ha vuelto muy decesivo al momento de impedir proyectos de ley y preservar los elementos no democráticos de la institucionalidad heredada, por ejempleo el derecho de los chilenos viviendo en el extranjero para votar ha sido rechazado. Segundo, las fuerzas de izquierda no representadas por la Concertación, aunque han alcanzado el 12% a nivel nacional, tienen una representación parlamentaria muy limitada. Tercero, el sistema binomial casi asegura la reelección de los mismos partidos sin verdadera posibilidad de cambio.
Finalmente, “reemplazó la competencia entre las diversas fuerzas por la competencia a dentro de los bloques (coaliciones)”.

Entonces, para Mark Payne, Daniel Zovatto G. y Mercedes Matea Días el sistema binomial chileno afecta claramente a la calidad de la democracia, no alcanzando a representar la ciudadanía. Sin embargo, el sistema viene a ser eficaz dado que el presidente, a menudo, goza del apoyo de la Cámara de los Diputodos gracias a la simultaneidad de las elecciones presidenciales y legislativas. Finalmente, del punto de vista del Estado el sistema es estable, dado la indispensable negociación entre el poder ejecutivo y legislativo; del punto de vista de la ciudadanía el resultado se vuelve más amargo, lo cual se nota en su satisfacción de la democracia21, poniendo en peligro la estabilidad del sistema.

b. La Magnitud

J. Mark Payne, Daniel Zovatto G., Mercedes Matea Días sostienen que la magnitud es la variable más importante. En efecto, subrayan la influencia que tiene la cantidad de legisladores que se elige en cada circunscripciones sobre la calidad de la democracia.
Existe un entendimiento compartido, lo cual propone que “cuanto mayor sea el número bancas por distribuir, más proporcional será su asignación y mayores serán las posibilidades de que los partidos que reciben pocos votos tengan representación”22. Sin embargo, aunque aumentar el número de escaños mejore la representatividad, tiende a disminuir la efectividad. En efecto, es más probable que el presidente carezca de apoyo parlamentario.

En general el tamaño del órgano legislativo tiende a ser, grosso modo, la raíz cúbica de la población. En Chile se calcula una raíz cúbica de 257.59 por una población de 17,095,324 habitantes en 2010, lo que tendría a sobreentender que la población es subrerepresentada en su cámara baja de 120 escaños. En oposición la raíz cúbica francesa es 396.37 por una población de 62,277,432 habitantes en 2010, siguiendo la misma lógica se puede entender que la población es sobrerepresentada en su cámara baja de 577 escaños.

Nohlen propuso una clasificación arbitraria de los sistemas electorales. En efecto, “se estima que las circunscripciones con menos de cinco escaños son pequeñas; si tienen entre cinco y diez son medianas, y si tienen más de diez son grandes”23.

En Chile, el sistema binomial impone la elección de dos diputados por circunscripciones, lo cual impacta el sistema en varios sentidos. Por un lado, en los países en los cuales la magnitud es pequeña hay una competencia centrípeta a fin de conseguir los escaños. Por otro lado, el sistema binomial tiende, por su funcionamiento, a favorecer los grandes partidos o coaliciones. Estos dos puntos se reflejan en el dominio de la esfera política chilena por la Coalición y Concertación. De hecho, se puede afirmar que técnicamente hablando Chile es un país muy poco representativo.

Entonces, basándonos en el análisis realizado por J. Mark Payne, Daniel Zovatto G., Mercedes Matea Días la magnitud es la variable más importante, porque impacta considerablemente la calidad de la democracia. De hecho, el sistema parece muy poco representativo de la ciudadanía. No obstante, este mecanismo de elección viene a ser eficaz a la hora de gobernar.

c. Evaluación estadística del sistema electoral chileno

El cuadro siguiente24 combina la desproporcionalidad que existe entre las elecciones legislativas y presidenciales por 8 países latinoamericanos de 1989 a 2006.

La desproporcionalidad en las elecciones legislativas corresponde a la diferencia que existe entre el porcentaje de votos y el porcentaje de escaños. En el análisis usé la formula propuesta por Gallagher, la cual da mayor peso a las desviaciones amplias.

La desproporcionalidad en las elecciones presidenciales equivale simplemente al porcentaje de voto del candidato perdedor.
Lijphart sostiene que “los atributos de los sistemas electorales influyen directamente en el grado de desproporcionalidad, y indirectamente en el número de partidos de cada sistema de partidos”25. De hecho, influyen sobre la representatividad de la democracia.

La columna interesante viene a ser la de la Media Geométrica, la cual combina las desproporcionalidades presentadas más arriba. Como puede constatarse, a pesar de una buena evaluación en los rankings internacionales, Chile (con un 17.64% de desproporcionalidad combinada)es uno de los países menos representativos de los 8 países seleccionados de America Latina.

El cuadro siguiente, representa la volatilidad media de acuerdo con el número de escaños en la Cámara baja y con la proporción de votos obtenidos en las elecciones presidenciales26 entre los mimos 8 países elegidos previamente. La volatilidad determina la estabilidad o regularidad de los patrones de competencia entre los partidos políticos.

Chile tieneuna de las volatilidades más baja (12.82%) de los 8 países latinoamericanos, lo cual asume que es uno de los países más estable de estos países latinoamericanos.

Entonces resumiendo la calidad de la democracia analizando el sistema electoral, obtenemos el resultado siguiente:
La estructura institucional chilena, representada por el sistema electoral, fomenta una democracia eficaz, estable, pero no representativa.


Conclusión

Desde nuestra perspectiva, la estructura institucional y el sistema electoral son los ejes fundamentales en una democracia, porque en ellos descansa el sistema. En efecto, la libertad, igualdad ysatisfacción de los ciudadanos vendrán a variar según los mecanismos utilizados.

Chile es el único caso en el mundo queadoptó su Constitución bajo una dictadura militar y sigue vigente en el régimen democrático. No obstante, a pesar de varios puntos oscuros o antidemocráticos en la Constitución, Chile aparece ser considerado como un modelode democracia en América Latina.

Con esta premisa en la mente, hemos analizadodos elementos claves citados anteriormente: La estructura institucional por los partidos políticos y el sistema electoral por los sistemas de elección presidencialy legislativo. Por eso, decidimos evaluarlos en términos de los efectos que fomentan, de hecho preguntándose: “¿Tienden a proporcionar representatividad, eficacia y estabilidad en la democracia chilena?”

En el cuadro siguiente combina los resultados obtenidos previamente:

La democracia chilena es eficaz y estable pero muy poco representativa. De hecho, faltando de representatividad, la democracia chilena no alcanza la definición de “buena democracia propuesta” propuesta por Morlino. Al considerar la definición clásica de la democracia: “el gobierno del y para el puedo” convendría adecuarla al caso chileno. En efecto, la democracia chilena se acerca más a “el gobierno para el pueblo”.

Sin embargo, la falta de representación aviva una frustración creciente en la ciudadanía, lo que amenaza claramente a la estabilidad
del sistema a lo largo plazo.

Esta lógica lleva consigo una pregunta: ¿Hasta cuando pueden seguir así?

Referencias:
1 Morlino, Leonardo. 2004. “What is Good Democracy?” Democratizaction 11 (5): 10-32.
2 Ídem
3 Lijphart, Capítulo 1: Introducción. En: Modelos de democracia: Formas de gobierno y resultados en treinta y seis países. Pp 13-19.
4 O’Donnell, Guillermo. 2004. “Exploración sobre el desarrollo de la democracia.” In La Democracia en América Latina: Hacia un Democracia de Ciudadanas y Ciudadanos, edite by PNUD. New York. Pp 47-70.
5 Payne, J. Mark, Daniel Zovatto G., Mercedes Mateo Díaz and et al. 2006. La Política Importa: Democracia y Desarrollo en América Latina. , Capítulo 6: Sistema de Partidos y Gobernabilidad democrática. Pp 165-196.
6 Mainwaring, Scott and Timothy R. Scully. 1995. “La institucionalización de los Sistemas de Partidos en América Latina. Revista de Ciencia Política XVII (1-2): 63-102
7 Mainwaring, Scott and Timothy R. Scully. 1995. “La institucionalización de los Sistemas de Partidos en América Latina. Revista de Ciencia Política XVII (1-2): 63-102.
8 Kitschelt, Herbert (2000), “Linkages between Citizens and Politicians in Democratic Polities”, Comparative Political Studies, vol. 33, núm. 6/7, pp. 845-879.
9 Luna, Juan Pablo. 2007. “Representación Política en América Latina: El Estado de la Cuestión y una Propuesta de Agenda”. Política y Gobierno XIV (2): 391-435.
10 Ídem.
11 Luna, Juan Pablo. 2007. “Representación Política en América Latina: El Estado de la Cuestión y una Propuesta de Agenda”. Política y Gobierno XIV (2): 391-435.
12 Ídem.
13 Payne, J. Mark, Daniel Zovatto G., Mercedes Mateo Díaz and et al. 2006. La Política Importa: Democracia y Desarrollo en América Latina. Capítulo 6: Sistema de Partidos y Gobernabilidad democrática. Pp 165-196.
14 Lijphart, Capítulo 5: Sistemas de Partidos: Modelos bipartidistas y multiparditistas. En: Modelos de democracia: Formas de gobierno y resultados en treinta y seis países. Pp 71-94.
15 Gobierno de Chile, Ministerio del Interior: Información Histórico Electoral. Elección de Diputados 2009, Votación por partidos país. Total Varones y Mujeres.
16 Gobierno de Chile, Ministerio del Interior: Información Histórico Electoral. Elección de Diputados 2009, Votación por Lista/Pacto País. Total Varones y Mujeres.
17 Payne, J. Mark, Daniel Zovatto G., Mercedes Mateo Díaz and et al. 2006. La Política Importa: Democracia y Desarrollo en América Latina. Capítulo 2: Sistemas de elección presidencial y gobernalidad democrática. Pp: 19-40.
19 Payne, J. Mark, Daniel Zovatto G., Mercedes Mateo Díaz and et al. 2006. La Política Importa: Democracia y Desarrollo en América Latina. Capítulo 2: Sistemas de elección presidencial y gobernalidad democrática. Pp: 19-40.
20 Manuel Antonio Garretón M. y Roberto Garretón. La Democracia Incompleta en Chile: La realidad tras los rankings internacionales. En: Revista de Ciencia Política XXX (1), 2010. Pp 115-148.
21 Latin American Public Opinion Project, Vanderbilt University. En: Presentación de resultados, Encuesta LAPOP 2008 Chile.
22 Payne, J. Mark, Daniel Zovatto G., Mercedes Mateo Díaz and et al. 2006. La Política Importa: Democracia y Desarrollo en América Latina. Capítulo 2: Sistemas de elección presidencial y gobernalidad democrática. Pp: 19-40.
23 Ídem.
24 Creación propia a partir de: Political Database of the Americas, Geogretown University; M. Álvarez- Rivera, Election Resources on the Internet,; Markku Laakso and Rein Taagepera, ‘ “Effective” number of parties: a measure with application to west Europe’, Comparative Political Studies 12:1 (1979), pp. 3–27 (effective number of parties); y Michael Gallagher, ‘Proportionality, disproportionality and electoral systems’, Electoral Studies 10:1 (1991), pp. 33–51 (least squares index).
25 Lijphart, capítulo 8: Sistemas electorales: métodos de mayoría absoluta y mayoría relativa frente a representación proporcional, Modelos de democracia. Pp 141-164.
26 Payne, J. Mark, Daniel Zovatto G., Mercedes Mateo Díaz and et al. 2006. La Política Importa: Deocracia y Desarrollo en América Latina. Capítulo 6: Sistemas de partidos y gobernabilidad democrática. Pp. 165-196.

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  1. January 3, 2011 at 7:11 pm

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